Con los amigos no se juega a hacerse rico Tuesday, May 15th, 2007
Uno de mis sueños, desde siempre, ha sido montar una empresa después de acabar la carrera y con el título de ingeniero en el bolsillo. No me planteaba las características de tamaño de esta empresa, ni con quién la constituiría, ni tan siquiera a qué me dedicaría en ella. Sólo sabía que será algo que me permitiese ganarme la vida haciendo lo que me gustase, siendo mi propio jefe y sin tener que rendir más cuentas que a Hacienda (que somos todos) y a mis eventuales socios.
Hace un par de años me encontré de repente con la posibilidad de formar parte de una sociedad de tres colegas de Escuela y al mismo tiempo amigos, con una forma similar de ver la ingeniería pero muy diversa de ver el resto de los aspectos de la vida. Yo, por decirlo de alguna forma, era el más tranquilo de los tres y el que tenía los pies más firmemente apoyados sobre la tierra. Me sabía muy bien el cuento de la lechera y una de mis misiones era aportar sensatez al grupo.
Sin embargo, en aquella época me encontraba en un momento crucial de mi carrera universitaria y tenía muy claro que mi misión número uno era acabar mis estudios, PFC incluido. Y calculaba que la cosa me llevaría dos años. Aun así, tan fuerte fue su insistencia para que formase parte del grupo que acabé cediendo y estampando mi firma en las escrituras de la empresa.

